Tinto & Tinta celebró dos años de historia y la sexta edición de su magacín cultural en una Noche de las Librerías donde la música, la tradición y la palabra reunieron a vecinos y amigos en Apartadó. Ni siquiera la lluvia logró apagar la fiesta.

La lluvia llegó sin pedir permiso, como suelen llegar las emociones que dejan huella. Pero aquella noche, en Tinto & Tinta, en el barrio Ortiz de Apartadó, nadie parecía tener prisa por marcharse. Mientras el agua acompañaba la velada, la poesía, la música y las expresiones culturales seguían convocando a quienes habían llegado para celebrar la palabra y reencontrarse con la identidad de su territorio.
Porque, al fin y al cabo, ¿qué sería de la poesía sin un poco de lluvia?
Así transcurrió la Noche de las Librerías en Tinto & Tinta: un encuentro que tuvo un significado especial, pues celebró los dos años de esta librería y espacio cultural, así como la sexta edición de Tinta y Punto, su magacín cultural, una apuesta que continúa abriendo caminos para las voces, las historias y las expresiones artísticas de Urabá.

La programación fue una invitación a recorrer distintas maneras de contar y sentir el territorio. Desde las páginas y las conversaciones hasta los sonidos de la tradición, cada momento puso en escena la riqueza cultural de una región que tiene mucho por narrar. La jornada comenzó con la presentación de la sexta edición de Tinta y Punto, a cargo de Gilber Gil. Más adelante, el conversatorio «Vivir las fiestas», moderado por Joel Padilla, propuso una reflexión sobre el significado de celebrar en Urabá: una forma de habitar el territorio, fortalecer los vínculos comunitarios y mantener viva la memoria colectiva.

La música llegó con el Sexteto Son de Mangle, dirigido por Pedro Escudero, que llevó sus sonoridades al encuentro. Después se presentó la novela Una noche en Suavesón, de Albeiro Flórez Villa, en una conversación conducida por Gladis Bedoya. La obra evoca los encuentros, las amistades y esos lugares que terminan formando parte de nuestra historia personal.

La tradición se hizo presente con la rueda pedagógica de bullerengue, dirigida por Armando Salazar, del grupo Memorias Diversas. Allí, el ritmo, la memoria y la energía de la rueda recordaron que las expresiones culturales no son piezas inmóviles del pasado: viven cuando se comparten, se enseñan y encuentran nuevas generaciones dispuestas a escucharlas.

Y aunque la celebración ocurría en Apartadó, por momentos parecía que estábamos junto al mar. Los sonidos, los olores, los colores y los ritmos, sumados a la fraternidad de la gente, nos transportaron a esa orilla cercana y familiar que también habita en la memoria del Caribe. Fue una noche para conversar con los amigos, reencontrarse, compartir historias y ponerse al día con las novedades de la comunidad, porque hasta los chismes —dichos con cariño— forman parte de esas maneras espontáneas de celebrar juntos.
La poesía tuvo su espacio con el recital En el Caribe también se llora, del autor Mateo Santero Peña. Su título parecía dialogar con aquella noche: el Caribe no solo canta la alegría de sus fiestas; también guarda nostalgias, despedidas, amores y silencios que encuentran en la palabra una forma de expresión.
Y, con un guiño de humor, podría decirse que hasta la lluvia quiso participar en el recital. Cayó con la puntualidad de quien llega a una cita importante y terminó aportando su propia música a la escena. Porque en el Caribe hasta el cielo parece tener algo que decir.
Cuando la noche avanzaba, el micrófono abierto La palabra es tuya invitó al público a compartir versos, canciones, historias y emociones. La palabra dejó de ser únicamente un acto de creación para convertirse en una experiencia colectiva: una conversación abierta entre quienes escriben, quienes escuchan y quienes encuentran en la cultura una forma de reconocerse.

En esa noche también confluyeron las seis portadas de Tinta y Punto, como si cada edición hubiera encontrado un lugar en la memoria del encuentro. Detrás de ese recorrido está Natalia, creadora y dueña de Tinto & Tinta, quien ha sostenido este espacio con sensibilidad, constancia y una profunda confianza en la cultura como punto de encuentro. A su lado, Gilber, su máximo colaborador, ha sido una presencia fundamental en la construcción de esta historia y en la consolidación de un proyecto que sigue creciendo con la comunidad.

Una lluvia que también hizo parte de la historia
En tiempos en los que muchas actividades culturales dependen de escenarios perfectos y condiciones favorables, lo ocurrido en Tinto & Tinta dejó una imagen poderosa: la de una comunidad que decidió quedarse, escuchar y disfrutar, incluso bajo la lluvia.
No fue solamente una noche de programación artística. Fue una muestra de cercanía, acogida y capacidad de encuentro; una celebración de aquello que conecta a las personas con su territorio y entre sí. Además Una noche de emprendedores que siempre están presentes apoyando cada evento.

Entre libros, conversaciones, sabores, música y expresiones tradicionales, vecinos y amigos hicieron de la librería un lugar de encuentro. La lluvia, lejos de convertirse en una protagonista indeseada, terminó sumándose a la escena, como si también quisiera escuchar las historias que allí se contaban.
Dos años después de abrir sus puertas, Tinto & Tinta continúa construyendo su lugar en la vida cultural de Apartadó. La sexta edición de Tinta y Punto representa un nuevo capítulo de ese sueño colectivo: creer en la cultura como encuentro, en la palabra como puente y en las historias como memoria viva de Urabá.
Porque hay noches que se recuerdan por los artistas que pasan por el escenario, por los libros que se presentan o por las canciones que se escuchan. Y hay otras que permanecen en la memoria por algo más sencillo y profundo: la gente que decide quedarse.

Aquella noche, en Tinto & Tinta, la gente se quedó. Y mientras la lluvia caía, la cultura siguió floreciendo. Porque, como bien podría decirlo un poeta del Caribe, poesía sin lluvia no es poesía. Y desde ¡Y AJÁ Urabá acompañamos a Gilbert y a Natalia, la mujer protagonista de Tinto y Tinta, a quien no pudimos detener para charlar porque toda la jornada estuvo cuidando todos los detalles, incluso la torta del cumpleañero.
#LasCosasBuenasDeUrabá


