
Isidoro Echeverría Hernández
“Un pintor es un poeta, porque el pintor describe como el poeta con sus palabras, los relatos de la vida” fueron las palabras que, dichas por su padre, marcaron a Isidoro Echeverría Hernández, reconocido pintor urabaense, oriundo del municipio de Ciénaga, Magdalena.
Sus primeros pasos en el mundo del arte fueron las caricaturas, siempre impulsado por sus padres, quienes le entregaron seguridad y apoyo, con la confianza de que algún día este niño sería un gran artista; además de regalarle sus primeras revistas e historietas, entre las que estaban: Condorito, Topo Gigio y los personajes de Walt Disney. Las cuales fueron sus primeros referentes para iniciar su proceso.
Así, uno de sus primeros lienzos, además de los cuadernos de dibujo que le regalaron sus papás, fue el tablero de su colegio, donde con tiza e impulsado, o más bien retado por sus compañeros de clase, dibujaba caricaturas de los maestros, donde recibió regaños de su parte, pero también reconocimiento por sus habilidades artísticas.
A sus cinco años en compañía de sus padres, llegó a la región de Urabá, de la cual se considera hijo, como él mismo dice: “Así no haya nacido aquí, me siento de aquí”. Su niñez en esta región transcurrió entre los campamentos de Fruteras en Carepa y el corregimiento de Nueva Colonia, donde realizó su primaria.
Luego, regresó a Ciénaga para continuar con su bachillerato. Y posteriormente, estudió dibujo en la Escuela de Bellas Artes en la ciudad de Santa Marta, durante tres años. Con sus conocimientos fortalecidos y ahora una mirada más amplia en más campos y estilos de la pintura, regresó a Urabá.
Abriéndose camino en Apartadó con el pincel.

Obra de la autoría de Isidoro Echeverría.
Las primeras veces que Isidoro pudo mostrar su talento a los urabaenses, además de a sus allegados que ya lo conocían, fue en los caballetes y paredes de la Casa de la Cultura Antonio Roldán Betancur de Apartadó, con el grupo “Arte: Nueva generación”, del cual hacían parte sus colegas y amigos: Martín Jaramillo, Joaquín Murillo, Rangel Gutiérrez, Luis Arteaga, Marlon Vargas, entre otros; los cuales denomina que eran “una cosecha de pintores”. De ellos muchos son reconocidos, regional, nacional e internacionalmente; y también son hijos de nuestra región.
Aunque luego tuvo que alejarse un poco de la pintura artística, porque inició a trabajar como astillero en una reconocida organización de la industria bananera en la región, a la cual perteneció durante 20 años. Sin embargo, allí descubrió otra faceta para su arte, la pintura publicitaria, donde se dedicaba a dibujar letras, avisos, vallas en murales y demás elementos para publicidad. Aunque no era lo que más le gustaba de la pintura, su versatilidad le sirvió en ese momento para tener otra entrada económica; de igual manera durante ese lapso, nunca dejó de participar en las exposiciones de arte que se daban en la Casa de la Cultura Antonio Roldán Betancur.
En el año 2016 empezó a mostrar sus destrezas como maestro; la Casa de la Cultura de Apartadó, nuevamente le abrió sus puertas, en compañía de la fundación social de Sintrainagro (Fundamilenio) y la alcaldía de Apartadó, pero esta vez como profesor de dibujo.
Más tarde, siendo ya un reconocido artista y maestro de la pintura, compartía sus conocimientos como docente en la Corporación Rosalba Zapata de Apartadó, y actualmente acompaña a niños y jóvenes en el proceso de descubrir sus habilidades artísticas con el Instituto Municipal de Cultura y Ciudadanía de Apartadó Antioquia (IMCCA).

Isidoro Echeverría desempeñandose como maestro de pintura con sus alumnos.
A los pintores del presente y futuro:

Isidoro Echeverría y sus alumnos de pintura y dibujo.
“Pintar con pasión” es una de las premisas de Isidoro, y es lo que aconseja a quienes tienen el sueño de ser grandes pintores. Como lo hizo su papá con él, quiere ser un referente y apoyo para sus alumnos; de igual manera, sugiere a los padres de los nuevos talentos del mundo artístico que los acompañen y los estimulen a seguir sus sueños, que participen en sus procesos y en el fortalecimiento de esas habilidades.
Y no sólo para los más jóvenes, a los adultos también les dice “nunca es tarde para pintar”; para él, el arte es como una terapia: A los niños les ayuda a desarrollar su inteligencia y a los adultos puede salvarlos.

Obra de la autoría de Isidoro Echeverría.
Asegura que un artista debe conseguir un estilo para triunfar, encontrar una manera propia de transmitir las cosas. Que los demás puedan verlo y decir, “este es Isidoro Echeverría, en esta obra está reflejado él, por su técnica, por su estilo” eso es lo que lo hace grande, a él y a sus colegas, poder dejar un legado.
Lo mejor que ha podido dejarle su profesión, ha sido el reconocimiento y la satisfacción de que en cada una de sus creaciones ha sembrado la semilla en el corazón de los urabaenses de que “uno tiene que velar por sus sueños”, con 55 años bien vividos cuenta que, si tuviera que emigrar para seguir cumpliendo los suyos, lo haría.
Con orgullo habla de su familia “Mi familia está conformado por mi señora una mujer cordobesa, muy echada pa lante, una gran ama de casa, buena para la cocina, hace unos tamales, hace excelentes platos, mejor dicho mmm; tengo un hijo mayor Rafael Andrés de 32 años, otro Elvin Eliecer que es muy cariñoso tiene 27 años, sigue Laura una niña muy hermosa con 22 años y el menor Paulo Isidoro con 19 años muy bueno para la música, con dotes para el acordeón, esta es mi linda familia, soy orgulloso de ella y le doy gracias a Dios que la haya regalado.”



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