
Urabá: Mi segunda Tierra
El mundo pasa y algunos se quedan en Urabá, centenares de jóvenes animados por el deseo que inspira el sueño americano, muchos cruzan el Darién y otros se quedan intentando, como Fredis Santeliz echan raíces en la Esquina de Oro de Colombia, en donde la magia de la bioluminiscencia se funde con la iluminación de los barcos y el puerto que atrae nuevas inversiones.
Fredis Santeliz, como muchos pensaba que estaría de paso en Urabá, y el estar unos días se convirtió en años, muy contento afirma: “de aquí no me pienso ir”. Ha hecho de Urabá su segunda patria. Su saber hacer como Ingeniero en sistemas y técnico en electrónica, le dio un giro a su vida, de 180 grados, al cruzar la frontera en 2017, motivado por su hermano quien ya se había establecido en la región. Los inicios fueron desafiantes, pero su determinación y conocimientos técnicos le permitieron establecer un próspero negocio de servicios tecnológicos. «Urabá me brindó un abrazo que nunca olvidaré», confiesa Freddy. «Al principio fue difícil adaptarme, pero la calidez de la gente y las oportunidades que encontré aquí me impulsaron a seguir adelante».
Recuerda que cruza la frontera y al realizar el cambio de moneda, sus ahorros de toda una vida se convirtieron en 150 mil pesos colombianos. Con nostalgia cuenta que “lloré en el bus, no podía creer que toda una vida de trabajo, valía solo eso. Llegue a Carepa con 5 mil pesos que me alcanzaron para trasladarme a realizar mi primer trabajo en Apartadó, en un negocio ubicado por la Avenida Alfonso López. Trabaje una semana y me pagaron 6oo mil pesos. No lo podía creer.”

Un emprendedor en tierra fértil
Con el apoyo de una organización de Naciones Unidas, la formalización de su negocio y gracias al Permiso por Protección Temporal (PPT) que tiene Colombia, Freddy logró expandir sus operaciones, basadas en la oferta de un buen servicio y una permanente capacitación. En este proceso ha sido clave el colegaje que ha facilitado crear una comunidad de técnicos en Urabá, de brazos abiertos, en donde juntos han sido testigos de la rápida evolución tecnológica de la región.
«La construcción de nuevas autopistas y proyectos portuarios ha generado una gran demanda de servicios tecnológicos», explica Freddy. «Ver cómo mi negocio crece y contribuye al desarrollo de esta región es muy gratificante. Porque las empresas que llegan acá a negociar con el puerto traen computadores, traen sus oficinas, necesitan cámaras de seguridad, necesitan impresoras, necesitan suministro tecnológico”.
Más allá de los negocios
Urabá: una tierra de manos abiertas en donde se sabe que se ha caído muchas veces solos con nuestro miedo, en estas calles que abrasan la gente camina con sus sueños, una tierra de todos, en donde nadie es extraño, es clara, la adaptación cultural, en donde los desafíos de la inmigración es quedarse o seguir, estas calles, aun cuando, no faltan situaciones, está viva la solidaridad entre venezolanos.
«La situación en Venezuela nos obligó a tomar decisiones difíciles», reflexiona. «Muchos de nosotros hemos dejado atrás nuestras vidas para buscar un futuro mejor. Aquí en Urabá hemos encontrado una comunidad que nos ha acogido y nos ha permitido reconstruir nuestros proyectos». Afirma con alegría, mi hija que llego de 4 años, hoy con 12 años, se siente de acá”. Ella dice, – “Yo soy colombiana”.
Freddy también compartió su visión sobre la importancia de la integración y la colaboración entre venezolanos y colombianos. «Debemos trabajar juntos para construir un futuro más próspero para todos. Nuestra experiencia y conocimientos pueden ser un gran aporte para esta región».
Urabá, tierra de culturas
La historia de Freddy es solo una de las muchas que se entrelazan en Urabá. La región, históricamente marcada por la violencia y el conflicto armado, ha experimentado una transformación en los últimos años. La llegada de inmigrantes venezolanos ha enriquecido su tejido social y cultural, aportando nuevas ideas y perspectivas. Suma de experiencias que aun en medio de lo difícil y complejo que es estar por fuera de su tierra, también es abrirse a nuevas perspectivas y oportunidades para el crecimiento personal y el saber hacer.
Sin embargo, los desafíos persisten. La informalidad, la falta de oportunidades laborales para los jóvenes y la presencia de grupos armados siguen siendo problemas latentes. Los inmigrantes venezolanos, a pesar de su resiliencia, también se enfrentan a dificultades como la discriminación y la xenofobia.
Un futuro prometedor
A veces se siente que se viene de un país muy lejano. Y al escuchar los cantos, sabemos que no estamos solos. A pesar de los obstáculos, el futuro de Urabá se vislumbra con optimismo. La región cuenta con un gran potencial turístico, agrícola y minero. Además, la llegada de inmigrantes ha inyectado una nueva dinámica en el mercado laboral y ha impulsado emprendimientos con sabor, olor y ritmos de otras latitudes.
Freddy Santeliz y muchos otros venezolanos han encontrado en Urabá un nuevo hogar. Sus historias son un testimonio de la capacidad humana para superar adversidades y construir un futuro mejor. A medida que Colombia y Venezuela continúan enfrentando desafíos complejos, la integración de los migrantes venezolanos se presenta como una oportunidad para fortalecer los lazos entre ambos países y construir un futuro más próspero para todos.
Urabá continúa siendo testigo de una transformación social impulsada por la integración de migrantes. Estos nuevos habitantes no solo demuestran una notable resiliencia, sino que también inyectan un espíritu emprendedor que revitaliza la región. Su presencia fortalece el tejido social y fomenta una convivencia armoniosa, al tiempo que enriquece la diversidad cultural local.
Estos avances motivan a los líderes locales a redoblar sus esfuerzos en pro de la inclusión social. El objetivo es claro: reforzar una identidad regional que se enorgullezca de ser abierta y diversa, donde la variedad de orígenes y culturas se considere una fortaleza, no una división.



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